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Pandora's Box  |  Rincón de Fútbol


Racing 1967:  Campeón Mundial

Un zurdazo inolvidable de Cárdenas le otorga a Racing la Copa Intercontinental
en 1967.  La revolucionaria fórmula de ese equipo.  Influencia de Pizzuti.
De la modestia a la gloria.  La vuelta de Maschio.  Gran racha de invictos.  Los títulos.




Primer paso.  La zurda de Cárdenas dispara todas las ganas del corazón y la certeza de la mente.
De los músculos tensos de esa pierna ya ha salido el remate histórico.  El remate que va hacia...
 



...el arco de Fallon.  El sorprendido arquero escocés que ensaya una estirada sin posibilidades.
Sólo la red detendrá el envío y la Copa del Mundo será de Racing.  ¡Gol!  ¡Gol de la victoria!  ¡Racing campeón!

 

"¡Dale, dale ahora...! le gritó Humberto Maschio desde la izquierda, cuando intuyó la vacilación del delantero a la altura de los tres cuartos de cancha, aquella tarde, el 4 de noviembre de 1967, en el estadio Centenario de Montevideo.  El santiagueño Juan Carlos Cárdenas había recibido la pelota, pasada por Rulli, a su derecha, y arrancó en una leve diagonal hacia su izquierda mientras los escoceses retrocedían confiadamente y vigilaban el probable pase a Maschio, destapado, o a Raffo, metido entre los zagueros centrales.  El número 4 del Celtic, Murdoch, a medio camino, optaba por abandonar a Maschio para intentar la cobertura del remate.  Y ante el oportuno grito de animación de su compañero, Cárdenas se decidió y pateó.  Es imposible olvidar el vuelo histórico de esa pelota, que burló la estirada desesperada del guardavalla, Fallon, y entró en el ángulo superior derecho del arco.  Cuando la pelota reposó después de esa trayectoria fantástica de 35 metros, enmudeció un gran sector del estadio, inexplicablemente volcado en favor del Celtic, mientras los cinco mil argentinos que habían viajado para animar a su equipo entraron en el paroxismo del fervor.  En el campo de juego se desató la más infernal algarabía que pueda imaginarse.  Avellaneda –el centro neurálgico de los festejos–, la Argentina y todo el mundo futbolístico comenzaban a reconocer a Racing como nuevo ganador de la Copa Intercontinental (enfrentamiento entre los equipos de clubes campeones de Europa y de América para resolver quién es el mejor del mundo).  Cárdenas siguió su frenética carrera de goleador con los brazos en alto para colgarse de Juan José Pizzuti, el mentor de ese grupo que lograba el primer título mundial para el fútbol argentino.  "Yo pensaba tirar, titubeé, pero no dudé más cuando sentí el grito de Maschio.  Y saqué un "sablazo" bárbaro.  El arquero reaccionó tarde porque creía que un defensor suyo (Murdoch) llegaría a marcarme", explicó después el goleador en el vestuario, bañado en sudor, en lágrimas y en euforia.

Era un momento mágico.  Racing derrotaba al Celtic, conjunto escocés campeón de Europa, por 1 a 0, en la tercera de las confrontaciones decisivas.  En la primera, en Glasgow, ganó Celtic  por 1 a 0;  en la segunda, jugada en Buenos Aires, venció Racing por 2 a 1.  Culminaba con una actuación de lujo el proceso evolutivo de "el equipo de José", denominación con la que popularmente se coreó e identificó al Racing moldeado por Juan José Pizzuti.  Un equipo que fue una auténtica sensación del fútbol argentino y mundial, nacido sin ruidos ni alharacas, como se gestan los grandes.  Un  grupo que se hizo fuerte gracias a su sacrificada preparación, al vigor, temperamento e inteligencia de sus integrantes, y que produjo una revolución por su forma de jugar, por la gran capacidad para dar vuelta resultados adversos, su ritmo sostenido y su fe ganadora.

 




LA NOCHE DEL HAMPDEN PARK.  Celtic 1, Racing 0.
El único gol del partido.  El cabezazo de McNeill,
que le dio el primer chico a los hombres de la blusa
albiverde.  El rubio le ganó en el salto a Basile.

 

La fórmula de su revolución

Por entonces, la tendencia en el fútbol argentino era defensiva y especulativa.  La idea de Pizzuti, coincidente con las particularísimas cualidades de sus hombres, partía de una sensata apreciación de la realidad: "¿Para qué mantener una línea de cuatro zagueros si los contrarios atacan con dos delanteros?  Prefiero no atar a los jugadores a un esquema rígido.  Desde la mitad del campo para adelante, los delanteros tienen libertad para crear.  Lo de toda la vida: moverse y moverse.  Nada de punteros atados a la raya esperando que llegue la pelota;  a la punta tiene que ir cualquiera.  El medio campo es una zona de tránsito, no de estacionamiento.  Como hoy casi todos los equipos juegan con ocho y nueve defensores que cuidan desde la media cancha hacia su arco, y como Racing no cuenta con tocadores para llegar con pases cortos o gambetas, buscamos la punta con cualquiera y mandamos el centro, no débil y al medio del área, sino fuerte, pasado, que busca el cabeceador por el otro lado".

 



REVANCHA EN AVELLANEDA.  Gol de Raffo, empatando un partido que terminará en victoria
por 2-1.  Joao Cardoso no oculta su emoción. Gemmell va a buscar la pelota.



EL CONDUCTOR.  Humberto Maschio fue
el cerebro del Racing campeón argentino,
de la Copa Libertadores y del mundo.
Pero además, siendo el gran estratega,
también luchó y transpiró.

Aquel "cara sucia", goleador en el Sudamericano de 1957, había sido transferido, como Angelillo y Sívori, a Italia (él fue al club Bologna), y regresaba a su antiguo club (había surgido en Sacachispas y pasó a Racing, donde fue titular a partir de 1955).  En su trayectoria italiana, después del Bologna, actuó en Atalanta, Internazionale, la selección –durante el mundial de 1962– y, finalmente, en Fiorentina;  allí, en su última temporada (1965-66), era reservista del internacional De Sisti.  Cuando volvió a Racing, practicó al principio con la camiseta Nº 8;  Martinoli tenía la Nº 11 y Rulli la Nº 7, quien, influido por el número, tendía a volcarse a la punta derecha, en detrimento de su misión específica en el medio campo.  Ante este problema, Maschio le sugirió a Pizzuti: "Vea, maestro, déme a mí la camiseta Nº 11 y que Rulli juegue con la 8".  En realidad, con cualquiera de ellas, de todas formas hubiera sido Maschio el importante volante creador del equipo.  Lo cierto es que entró a mitad de camino de la racha de invicto que se prolongó durante 39 fechas.  La cortó River Plate en el Monumental (2-0).  Pero Racing devora rivales en el torneo (4-1 y 6-0 a Ferro, 2-0 a Independiente, 5-0 a Quilmes, etcétera), se consagra campeón –postergando al pujante River Plate–, y levanta oleadas de entusiasmo en sus parciales.
 



Y para cumplir ese planteo se basaba en el zaguero central Roberto Perfumo, que aguantaba solo, en cierres a derecha e izquierda, cualquier contraataque;  acaso con el relevo del volante obstructor Juan Carlos Rulli, por si el marcador lateral derecho, Oscar Martín, fuese al ataque, o el del dinámico mediocampista Miguel Ángel Mori en lugar del marcador lateral izquierdo Rubén Díaz, quien habitualmente se codeaba en el área de enfrente con su compañero de zaga Alfio Basile.  Y estaban Jaime Martinoli o Joao Cardoso para "chanflear" fuerte los centros.  Era común también que Raffo, Basile o Díaz acechasen el arco enemigo, a la espera de vencerlo con sus cabezazos, y que cualquiera aprovechase el rebote;  que Maschio fuese el equilibrio, brújula, cerebro del equipo;  que Cárdenas, como todos, arrastrase a los defensores contrarios;  que Agustín Mario Cejas (al comienzo Luis Carrizo) tranquilizase a todo el cuadro con sus seguras atajadas.


Partidos invictos y el título argentino

Esta manera de jugar nace el 19 de septiembre de 1965, cuando Pizzuti dirige por primera vez a Racing, ubicado en el último puesto de la tabla.  Ese hombre sin estridencias acababa de abandonar la dirección de Chacarita Juniors, tras su reciente retiro como jugador en Boca Juniors.  Racing, con el flamante técnico, le gana al puntero, River Plate, por 3 a 1 (goles de Castillo y J. J. Rodríguez 2;  y Artime para el perdedor).  El equipo formaba con Luis Carrizo;  Martín, José Vázquez, Perfumo y Mesías;  Pentrelli y Pastoriza;  Ferreyra, Cárdenas, Rodríguez y Castillo.  A fin de año, una exitosa serie triunfal (14 partidos invictos) eleva el equipo al quinto puesto.  Pizzuti desestima una oferta de Velez Sarsfield y permanece en Racing.  Lo convierte a Perfumo en primer marcador central ("por necesidad y porque no lo va a afectar correrse 7 ú 8 metros a su derecha");  lo puso al lado de Basile, que era volante ("es un cambio sin complicaciones, que le conviene más, por su físico, y además, en el medio tenía a Pastoriza"), y como custodia del puntero derecho, a Rubén Díaz ("en la tercera jugaba de Nº 6 y lo trabajé en la nueva función porque no había plata para comprar a Laginestra, de Chacarita").  Es la base defensiva, con Oscar Martín, un  creativo marcador de punta y el ascendente Cejas o el rendidor Luis Carrizo en el arco.

Poco después, Independiente pide a Pastoriza, y Pizzuti elige a Mori de una lista integrada por éste, Mura y Decaria, como parte de pago.  Con Rulli y J. J. Rodríguez, provistos por Boca en una transacción anterior a la de Pastoriza, a cambio de Menotti y Sacchi, y otros elementos que ya jugaban en Racing, se rearma el equipo.  El punto justo se logra con la reaparición en nuestras canchas (10/4/66, triunfo sobre Chacarita por 1-0, gol de Rodríguez) de Maschio, que juega en lugar de Parenti o Vicente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

TRES IMÁGENES.  A la izquierda, el zurdazo de Cárdenas va hacia su inevitable destino de red.  La estirada de Fallon
es inútil.  En el centro, Juan Carlos Cárdenas.  Su gol en la final con el Celtic de Glasgow le dio a Racing
el ansiado título mundial.  A la derecha, Juan José Pizzuti, el técnico del equipo argentino.

Batallas con el Celtic

Frente a los compromisos internaci0nales, Pizzuti intenta reforzar su conjunto con el arquero Spilinga, como suplente;  el defensor Manilo, para alternar con Chabay, como comodines en la zaga;  y los delanteros Cardoso y Raffo.  Su acierto mayor fue la incorporación de este último, goleador y contundente cabeceador ("no quiero jugadores pisadores, que frenen el ritmo").  Para llegar al título soportó derrotas como las que le propinaron Treinta y Uno de Octubre, en Bolivia (3-0), y Universitario de Perú (2-1, inesperadamente, en Avellaneda, con dos goles en los últimos 5 minutos).  Pero tuvo triunfos cabales, ante River (2-0 y 3-1);  Independiente Medellín (2-0 y 5-2);  Independiente Santa Fe (2-1 y 4-1);  Bolívar, de Bolivia (2-0 y 6-0);  Colo Colo (3-1 y 2-0), y los desquites con Treinta y Uno de Octubre (6-0) y Universitario dos veces: (2-0), intercalados con dos empates, ante River Plate (ambos 0-0).

En esta cabalgata de resultados se esconden varios episodios futbolísticos salientes, pero se destaca uno por su hondo dramatismo.  Fue el 27 de marzo de 1967, en un viaje aéreo en Colombia –de Medellín a Bogotá– que duraba menos de una hora pero que pareció una eternidad.  El avión perdió altura, produjo un espantoso sacudón, sembró pánico entre todos los jugadores, entre las azafatas y el mismo mecánico ("creí que el avión se partía").  Después del gigantesco pozo de aire, los muchachos de Racing creyeron haber gambeteado a la muerte.

 

El último escollo en la Copa Libertadores era Nacional, con quien protagonizó dos duros y malintencionados cotejos, sin goles.  Santiago fue escenario de la consagración racinguista (ganó por 2-1).  Este equipo ya tenía jerarquía para finales difíciles, y así enfrentó al Celtic.

Allá, en Glasgow, Racing pretendió especular con el empate y olvidó que había nacido para combatir esos procedimientos.  El 1-0 en contra fue devuelto en Avellaneda con un 2 a 1 favorable, tras el breve sofocón inicial (gol del hábil Johnstone);  el empate de Raffo se logró con un certero cabezazo.  Y el gol del triunfo, una hermosa media vuelta de Cárdenas.


La finalísima en Montevideo pareció un torneo de puntapiés, por el exceso de marcación y la exasperación de los europeos.  Fueron expulsados el escocés Lennox y el caudillo Basile, a los 36 minutos.  Racing dominó en la segunda parte, maniató (doble marcación Rulli-Chabay) a Johnstone, y Cárdenas liquidó el pleito.  Hubo tres expulsiones más (Hughes, Johnstone y el argentino Rulli), una media hora cargada de tensiones, y un epílogo con gloriosa vuelta olímpica.


Racing era campeón del mundo: el primer título universal, la gran verdad que le faltaba al fútbol argentino, un halago que reclamaban las estadísticas.

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